29 may. 2014

Habitaciones íntimas

La primera novela gráfica de Cristina Spanó es un cómic tan fácil de leer como difícil de valorar. De entrada ya se percibe que es una obra que hay que atrapar con cierta sensibilidad. Lo vemos en la ilustración de la portada, en sus colores preciosos, y lo captamos también en las tres o cuatro páginas que preceden a la primera viñeta. Nos lo dice también su título, Habitaciones íntimas (Bang Ediciones, 2014), que es casi una declaración de intenciones. Vale, esto es slow reading.

Tan fácil de leer, digo, porque es un cómic amable; de pausas, de silencios, de palabras sencillas, o, mejor, de palabras comunes. Spanó visita lugares conocidos por todos, o como mínimo por todos los que han sido niños, adolescentes y después jóvenes. Lo digo en un sentido metafórico (el amor, la muerte, la soledad...), pero también en un sentido literal. De ahí las habitaciones del título: el dormitorio, el balcón, la cocina... Continente y contenido, pues, se dan la mano.

Y de lo que habla Spanó, en efecto, es de cosas tan sencillas como universales y de detalles tan importantes como cotidianos. La pubertad es un pintalabios; la adolescencia, un cigarrillo y el sexo, una película porno. Y no quisiera dar a entender que este es uno de esos tebeos en los que lo que importa no es lo que pasa. Aquí lo que pasa importa, porque aunque parezca que no pasa nada, pasa la vida, llena de detalles. Y esos detalles van desde la más minúscula viñeta (un rincón, una mejilla, una sábana arrugada) hasta una splash page arrebatadora, tan espectacular como sencilla, tan dinámica como inmóvil. Sí, una novela gráfica con splash pages, ¿qué pasa?

El dibujo de Spanó, entre inocente y moderno (si es que eso es una definición aceptable) casa de maravilla con el espíritu casual y episódico de la historia. Quizás gracias a esa sencillez, de vez en cuando la pericia de la autora nos golpea de lleno, a veces por la técnica y a veces más bien apuntando al corazón. En este sentido, ojo con ese par de viñetas en color que nos ha colocado Spanó estratégicamente. Ojo, que hacen daño.

Seguramente Habitaciones íntimas es un cómic más para disfrutar que para explicar. Es de esas cosas que hay que leer y, sí, bueno, al final quizás no le guste a todo el mundo. Pero desde que se puso de moda el concepto “novela gráfica” por mis manos ha pasado mucha basura, desde imitadoras de Satrapi hasta músicos frustrados, pasando por poetas del proletariado y fans de “Alta fidelidad”. Entre toda esa morralla, de vez en cuando, destacaba un cómic con un nosequé que es de lo que estamos hablando. Con esa capacidad de captar la sencilla cotidianidad (de la vida o de la guerra) con una poesía sutil y una sinceridad verdadera. Su naturalidad se contraponía a la pose impostada, entre bohemia y gafapasta, de los demás. Es en ese círculo selecto en el que sitúa Habitaciones íntimas.

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