9 may. 2014

Lobo de Lluvia

Rubén Pellejero está en estado e gracia con la publicación casi simultánea en nuestro país de Dieter Lumpen (Astiberri), Batman Black & White #4 (ECC) y Lobo de Lluvia (Astiberri). Como de las dos primeras ya han corrido ríos de tinta, vamos a decir lo nuestro sobre Lobo de Lluvia, un western atípico, si es que aún hay westerns atípicos.

Alejada de los clásicos de John Wayne, la obra de Pellejero y Jean Dufaux es la historia de un indio en el lugar equivocado en el momento equivocado y, curiosamente, él casi no aparece en la historia. Los protagonistas son las personas que se ven envueltas en el revuelo causado por Lobo de Lluvia, principalmente los tres hermanos de una familia acomodada que ha hecho buenas migas con la comunidad indígena. También cogen la batuta en esta historia las mujeres, mujeres fuertes y no por eso menos femeninas. De hecho, en su mano está en buena medida el final de una historia que acaba llevando a cuatro familias a una espiral de sangre y venganza. Una trama que a veces roza el culebrón y a veces se acerca a Blueberry. Todos estos elementos, en manos del prolífico Dufaux, dan lugar a una obra intensa y que huele a pólvora y a tierra, y que transmite un mensaje universal de filantropía.

En cuanto al dibujo, encontramos a un Pellejero estilizado y totalmente evolucionado. Quizás, gracias a los amplios espacios en los que transcurre la acción, su trazo luce más que en obras anteriores como En carne viva. Se han oído críticas en cuanto al uso casi monocromático del color de Pellejero, que en esta ocasión opta por utilizar unas gamas muy limitadas según la escena. Un recurso tan sencillo como efectivo que, en mi opinión, da como resultado páginas de una armonía arrebatadora.

Pese a los elementos rompedores, como el protagonismo de los indios o la importancia de la mujer en la historia, Lobo de Lluvia rezuma clasicismo en todas sus páginas. Porque cómics del oeste hay muchos, pero westerns, entendiendo el western como un género, no hay tantos. Así que este cómic, de principio a fin, es una gozada.

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