21 feb. 2015

minireseña: BIRDMAN

puntuación: 6
Pese a la pereza inicial, y después de oír tanto que “es muy buena” como que “es muy mala”, por fin he visto Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014), una de las películas de la temporada. Y la he visto no tanto para comprobar si era buena o era mala (que, la verdad, ni fu ni fa), sino porque se ha dicho que contiene una dura crítica contra las películas de superhéroes. Y, como ya sabéis lo que opino sobre el tema, decidí echar un ojo, a ver qué se cocía ahí.

Y qué sorpresa al encontrarme con todo lo contrario, al menos a mi entender. Porque Iñárritu no dispara contra las películas de superhéroes, sino contra ese cine premeditadamente intelectual que la propia película representa en un ejercicio paradójico. Son precisamente los personajillos que viven en ese ambiente de impostura, y que en la película son caricaturizados, los que articulan el discurso contra el blockbuster. Su crítica, manida y repetitiva, además de vacía, tiene poco que hacer contra los poderosos argumentos de Birdman, que, en la cinta, representa el cine comercial. La propia película se disfraza pomposamente (desde lo técnico hasta lo dramático) para vestir un discurso tan vacío como sus propios protagonistas, cuyas preocupaciones resultan triviales en el mundo real en el que vive todo hijo de vecino.

No sé qué piensa Iñárritu de los superhéroes, pero, si realmente esto que expongo es lo que el director pretendía, para mí Birdman es un diez; un ejercicio de metacine brillante y rocambolesco, a la vez que desconcertante. Pero si lo que buscaba era lo contrario, la peli es un mojón, porque entonces no reflexiona sobre nada, ni propone ningún juego, ni explica nada nuevo. Caramelo o mojón, viene envuelto en un papel de lujo, eso sí.


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