19 ene. 2015

minireseña: LA ISLA MÍNIMA

Valoración: 6
El problema principal de La Isla Mínima (Alberto Rodríguez, 2014), el director de Grupo 7, es que viene precedida de la fama de “que es muy buena”, y no lo es. Tampoco le hace ningún favor su parecido más que razonable con la serie True Detective (Nic Pizzolatto y Cary Joji Fukunaga, 2014). La verdad es que el porqué de tal semblanza se me escapa, y, aunque a veces resulta meramente accidental, en otras ocasiones parece cómico.

Vaya por delante que, si dejamos de lado todo esto, La Isla Mínima es una película más que aceptable, y más aún viendo el panorama cinematográfico nacional, aunque eso no debería ser ninguna excusa. El elenco principal está más que bien, a pesar de que el absurdo juego de personalidades al que les somete el guión les hace desmerecer en algún momento. La fotografía resulta muy armoniosa, pero le falta algo de verdad si realmente intenta emular la crudeza de True Detective. En un entorno tan intenso como en el que se desarrolla la acción, uno echa a faltar primeros planos, sonidos y casi olores. Todo parece visto demasiado desde la barrera.

Por lo demás, la película resulta vacía. Eso no sería malo en sí mismo si no diera la impresión de que el director nos quiere dar a entender algo más con una serie de tramas subterráneas que acaban en un callejón sin salida o no acaban de casar con ninguna idea seminal.

La Isla Mínima es una película equivocada en un momento equivocado, a la que, además, le veo más posibilidades como serie que como película dada la riqueza del entorno en la que se mueve la trama central, una trama que acaba resultando la menos interesante por falta de peso, y poso. En resumen: un gatillazo, teniendo en cuenta el excelente trabajo de Grupo 7. Pero hay esperanza.

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