2 ago. 2015

minireseña: KINGSMAN, SERVICIO SECRETO

Me da la sensación que hay un nuevo tipo de humor en el cine, y que tiene que ver mucho con el cómic, y con ese tándem formado por el guionista (y genio de los negocios) Mark Millar y el director Matthew Vaughn. Es un humor un poco verde, casi negro y algo amarillo que en realidad es bastante blanco; que no reflexiona sobre nada y que solo quiere hacernos reír. No tiene mucho mérito en sí mismo, pero es de agradecer que esté llegando a las multisalas gracias a películas como Kick Ass (Matthew Vaughn, 2010) o, la que ahora nos ocupa, Kingsman: Servicio Secreto (Matthew Vaughn, 2014).

Pero no creo que esta sea la principal virtud de Kingsman, que me ha tenido anclado a la butaca de principio a fin. Creo que hoy en día es tan difícil innovar, incluso en lo formal, que cuando parece que alguien ha encontrado una nueva manera de rodar algo hay que reconocerle el mérito. Con las escenas de acción de esta peli, Vaughn ha ido más allá (más allá de Matrix, se entiende), metiendo al operador de cámara (y por extensión al espectador) en la batalla. La escena en la iglesia, punto álgido de la cinta, es la mejor muestra de ello, y un compendio de toda la película, porque encierra todos los secretos del cine de Vaughn: la estética de la violencia, la desmesura y ese humor tan característico.

El resultado: una bomba, pero de esas de broma, de los payasos. Porque, en el fondo, explicar explicar... no explica nada nuevo.


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