22 may. 2012

ENTRETELAS

Harto de cómic social y de autores (nacionales) con una “sensibilidad única” para explicar las “vicisitudes del día a día”, tengo que reconocer que no comencé la lectura de “Entretelas” (La Cúpula, 2012) con mucho entusiasmo. Y no será la primera vez que oigo que estoy cargado de prejuicios. Pero el caso es que fue el nombre de Rubén del Rincón en la portada lo que me llevó a dar el primer paso: abrir el cómic. Tuve la oportunidad de hablar con él a raíz de la entrevista que realizamos para el ya extinto programa de televisión “This is Not Another Freaky TV Show” en motivo de la desaparición de la también extinta revista “Kiss Comix” (ver el reportaje aquí). Pensé entonces que Rubén tenía algo que contar, y no me equivocaba.

De todas formas, del Rincón no es un novato en esto del cómic. Fue el dibujante de “La salida de la clase”, con guión de Hernán Migoya, y actualmente trabaja con Jean-David Morvan en “Los tres mosqueteros”. Dicen que “Entretelas” es “su primer trabajo realista”, y aunque eso suena fatal, no se dejen engañar. Este cómic no es parte de esa montaña de morralla que se ha publicado (y vendido) sacando a relucir la etiqueta de “novela gráfica”, que parece abocada a justificar cualquier bodrio insubstancial siempre que tenga una pátina de realidad, o costumbrismo, o slice of life.

“Entretelas” es una obra redonda, en todos los sentidos. Las historia comienza donde tiene que comenzar y acaba donde debe acabar. No se entretiene, y mantiene el ritmo durante sus poco más de cien páginas. Ahora te cuenta esto y ahora esto otro, con una estructura aparente y deliciosamente cronológica.

Es redonda, además, porque se publica en el momento adecuado. Habla de una crisis, pero no de la actual: de una que ya pasó. Habla de fábricas que cerraron y familias que se quedaron en la calle; pero no ahora, sino hace años. Habla de ladrones de cobre, de ayudas para los parados, de buscarse la vida. Ahora y antes. Y además habla, claro, del padre de Rubén, de su madre, de él mismo y de su hermano, que es el responsable de los colores de “Entretelas”.

Y el dibujo no sólo es genial (los años en “Kiss Comix” se dejan notar en la ligereza del trazo), también la narración: nada chirría, nada está fuera de lugar, nada desencaja. Cada viñeta nos lleva sutilmente a la siguiente y de igual modo viene de la anterior.

Cualquiera puede pensar que no le interesa la historia de otra fábrica que cierra. Allá él. Pero no estoy hablando de eso. Estoy hablando de cómo se tiene que hacer un cómic. No se deje llevar por nombres altisonantes, y si alguien le pregunta “¿un buen cómic?”, diga “Entretelas, de Rubén del Rincón”. Dígalo con seguridad. Se lo dice un lector al que no le gusta el cómic social.

No hay comentarios:

Publicar un comentario