10 abr. 2012

OMNI-VISIBILIS


Norma Editorial publica “Omni-Visibilis”, un cómic que viene precedido por la fama de sus autores: Lewis Trondheim, autor de culto gracias a “La Mazmorra”, y Matthieu Bonhomme, dibujante de trazo francobelga, aunque su dibujo adopta aquí un aspecto más moderno con un estupendo bitono en azul.

Pero los fans de Trondheim no deben esperar una obra grande en la línea de “La Mazmorra” ni otra de sus divertidas aventuras animalizadas como “La Isla de Borbón 1730” (una de mis favoritas). “Omni-Visibilis” resulta una obra de carácter independiente, casi indie diría uno, que nos propone una historia con un punto de partida original y un protagonista tan repelente como humano, aunque, desgraciadamente, la cosa se desinfla al final. Vamos por partes.

Este cómic empieza muy bien. El protagonista se salpica los zapatos mientras orina en el lavabo de la oficina. Le suele pasar, y reflexiona sobre si limpiar el estropicio o no. Resulta un personaje maniático, en la línea de Jack Nicholson en “Mejor Imposible”, y pusilánime. Está, además, perfectamente dibujado por Bonhomme: enclenque, miope y con un bigotillo repelente. Y aquí el lector dice: “Vale, esto promete”.

La historia toma un cariz fantástico cuando el protagonista descubre que el resto de la humanidad puede ver a través de sus ojos, oír a través de sus oídos y, en definitiva, sentir lo que él siente. ¿Don o maldición? Sin interesarse lo más mínimo por los dilemas morales o las potencialidades superheroicas de esta historia, el guión se centra en las miserias del protagonista: como arreglarselas para que la gente no sepa dónde está, como ir al lavabo sin revelar el tamaño de su miembro... y todo esto en medio de una persecución que parece no tener fin y que le lleva a huir de todo el mundo, porque todo el mundo quiere aprovecharse de él, desde su novia hasta las principales potencias mundiales.

Desgraciadamente la parte final de la historia (que no el final en sí mismo) se convierte en una persecución que, pese a su crescendo, hace perder al cómic la frescura inicial, aunque no su solidez.

“Omni-Visibilis” es una obra menor, un divertimento, pero por encima de la media. No sólo el dibujo de Bonhomme es espléndido, sino que el punto de partida de la historia es original y brillante, incluso su desarrollo, y el personaje principal resulta redondo. Uno puede pensar, al final, que aquí hay una crítica a esta sociedad mediatizada y una reflexión sobre el valor de la intimidad. Personalmente, yo sólo veo la historia de un tipo corriente que se encuentra con un marrón bien gordo entre manos. Y mejor así, la verdad.

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